jueves, 10 de junio de 2010

al cuello

Hace tiempo que no me dice nada salvo que esta muy ocupada en otros menesteres.
Precisamente porque sabe que el ejercicio a realizar es meramente de elección no sabe ponerle fin y deja pasar el día haciendo piruetas mentales que no conducen a ningún sitio. El resultado siempre parece quedar incompleto...
Es la muerte por simplicidad.

jueves, 27 de mayo de 2010

miau

Encajo su vista en la diminuta rendija que quedaba en la jamba de la puerta y entornó los ojos para ver con mayor claridad.
La estancia que había al otro lado era amplia y luminosa. Tenía las paredes de papel pintado de un ocre terroso muy desagradable y el suelo de madera barnizada. Los muebles, de mimbre lacado en blanco, estaban tapizados con un tejido anaranjado tan desgastado por el sol y por la luz, que había comenzado a trasparentarse y el entramado de los hilos ya era más que visible (incluso en la distancia desde donde ella lo observaba). Había plantas por todas partes; plantas de esas que no dan flores pero son de un verde intenso que haría parecer alegre cualquier estancia, aunque estaban tremendamente descuidadas y hacía tiempo que no lucían de ese color. La estantería estaba llena de libros, y desde la balda más elevada una muñeca de pálida tez, parecía devolverle la mirada con su ojo izquierdo mientras el derecho (ambos eran de cristal) quedaba cegado y proyectaba un topito de luz sobre la puerta (aunque esto ella no lo sabía, ya que por prudencia, permanecía al otro lado). Parecía la sala de estar de una de esos apartamentos de la costa californiana en los que el salitre levanta la pintura de las paredes exteriores, pero ella estaba muy lejos de la costa, más aun de California y aquel lugar, por alguna razón que todavía le era incógnita, invitaba poco a permanecer en el, era más bien (y a pesar de su aspecto) un lugar de paso.
Entre toda esta observación, bastó el sigiloso acercamiento de un gato chatreux para asustarla hasta el punto de cortarle la respiración.

domingo, 23 de mayo de 2010

cactoo

Se adapta a cualquier situación; acumula provisiones para los momentos de escasez; arrastra la fama de vivir a la defensiva, pero nunca ha atacado a nadie que no hubiese invadido su espacio vital y sobre todo trabaja, para en ocasiones como hoy mostrar por fin una esplendorosa flor que ha cultivado durante 365 días y que dejará morir en menos de 24 horas. A ella, como al cactus el trabajo le merece la pena.

jueves, 20 de mayo de 2010

perlas


Hacía algún tiempo que pensaba en la formación de las perlas y últimamente parecía como si alguien se hubiese empeñado en recordárselo hasta la saciedad. La narración omnisciente de esta historia, le parecía carente de interés y de una pretensión bucólica que le producía el más profundo de los rechazos.
Un grano de arena que se introduce fortuitamente en un animal bivalvo que segrega nácar hasta cubrirlo formando una apreciada joya. Tiene claro que es una historia de corte disney, en la que se omite que el grano ha sido engordado a base de revestirlo de algo que le resulta ajeno y la ostra que permitió y fomentó arduamente la formación de un cuerpo en su interior acabará siendo forzada para la extracción de la joya. La miseria y la riqueza acostumbran a prodigarse por los mismos relatos.
Tampoco le pasa por alto que, las que en un ejercicio eufemístico son denominadas perlas «naturales», resultan ser en un porcentaje altísimo perlas cultivadas. ¡Ay de aquellos que se dedican a introducir a la fuerza micro esferas de nacar en las ostras! U obtienen joyas perfectas u ostras rebotadas.

martes, 18 de mayo de 2010

ida y vuelta

«El que sólo busca la salida no entiende el laberinto. Aunque diese con ella y lograse salir, lo haría sin haberlo comprendido»
José Bergamín

Estaba fascinada. La energía ajena invertida en según que actividades se le contagiaba a una velocidad pasmosa y, aunque miraba con recelo a la práctica totalidad de los parlantes (lo hacía con mucho más motivo con aquellos que no hablaban) y no compartía un enorme porcentaje de lo escuchado, aquel círculo de personas suscitaba en ella una curiosidad que no le resultaba extraña, pero ya comenzaba a dar por perdida. El descaro le parece una actitud poco aconsejable pero tremendamente atractiva y lamenta que sea un rasgo tintado de cerrazón (en ocasiones convencional) y abocado a la falta de respeto.
Esta situación le permitía además deleitarse contemplando los las maniobras de la mente humana cual coreografía enmarcada en la más depurada de las disciplinas de la danza. Ya le habían advertido que desplazar la mirada era una forma de resituación y aunque en el fondo era algo que tenía relativamente integrado, nunca hasta hoy había sido tan consciente de ello. Por alguna razón que sólo ella conoce (aunque yo crea que es intuible) le han entrado repentinas ganas de ponerse a escribir.

jueves, 6 de mayo de 2010

había caído el telón, fin del acto comunicativo


No lo entiende. No puede explicarse cómo ha llegado a producirse, y siente que la situación tiende a agravarse sin que pueda evitarlo.
Le parece que fue un comentario fuera de tono y de lugar, y a ratos incluso se consuela pensando en la falta de elegancia que comporta un enunciado de esas características, pero eso es solo una forma de consuelo y siempre acaba por volver al desconcierto inicial, que la lleva a interrogarse sobre cual es la reacción más pertinente ahora.
¿Se puede vivir ajeno a los feedbacks recibidos? ¿Es sano?
Tiene claro que la comunicación se basa en un esquema que ahora está quebrado, omitirlo le ayudaría a recomponer su ego herido, pero es evidente que no es la solución más adecuada. Ha comprendido que en efecto «todos los caminos llevan a Roma», pero ya ha visto el coliseo, ha paseado por el barrio judío, la pizza empieza a resultarle pesada, el tour por las escenas de Fellini no está mal en inicio, pero ya conoce esos lugares mejor que el propio director y la propuesta de instalarse en la Piazza Navona le resulta del todo excesiva. No hay capacidad de agencia porque todos los caminos acaban allí, pero anhela el norte cada vez con más urgencia.
Lo que más lamenta es que su protagonismo no demandado acabó por teñir lo colectivo de individualidad. Con el trabajo no se juega.

domingo, 2 de mayo de 2010

exceso

Más es siempre más, pero no siempre el exceso es positivo. También el condenado a muerte cena de forma opulenta la noche previa a su ejecución.

viernes, 23 de abril de 2010

mazmorras

La dejó planchada y ahora no puede dormir.
Solía cultivar (y le consuela continuar haciéndolo) un espíritu crítico de base, que se planteaba más como una forma de vida que como un devenir o un rasgo de su personalidad. Se podría decir que disfruta con ello.
Eso sí, tiene puntos débiles, elementos intocables, arranques de proteccionismo ciego sustentados en los resquicios de un histrionismo galopante que le ayuda a sobrellevar (sobretodo) su vida laboral. Todavía no comprende cómo se vio haciendo apología (poco fundamentada) de los sentidos, denotando un racismo poco explícito que no supo solventar y asintiendo con el ceño fruncido cómo si tuviese razón en algo de aquello que exponía. Si cortar flores le parece una acción detestable!
La verdad es que si la princesa estaba o no conforme con el dragón le preocupa poco. ¿Acaso la princesa se preocupó en algún momento de merecer la trascendencia que se le ha dado?

«Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido»
Paul Valéry

martes, 20 de abril de 2010

frenar


«Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable»
Oscar Wilde

domingo, 18 de abril de 2010

Blancanieves ya lo sabe

«Sus labios son como las rosas, su cabello como el azabache, y su piel como la nieve que reposa»

Hubiese preferido no verla, pero para eso ya es tarde.
Alertada por el ruido de sus tacones de aguja impactando contra las baldosas de terrazo se giró. Blancanieves llevaba puesto un blazer negro que vestía con cierta artificialidad, pero le daba una prestancia que pocas personas logran con esa prenda; sus piernas se movían holgadas en unos pantalones de pitillo de las talla 34 en los que en otro tiempo no hubiese creído caber y de su antebrazo colgaba un bolso verde manzana, de corte deportivo pero cubierto de lentejuelas que brillaban reflectando la luz que entraba por la cristalera del fondo de la sala de espera. Tenía aspecto de cansada, y seguramente hacía un par de días que no se duchaba, pero aun así conservaba el esplendor que la había caracterizado siempre.
A pesar de que hacía mucho de su último encuentro se han reconocido al instante. Hay caras que nunca se olvidan, y ambas, por suerte o por desgracia, tenían una de esas.
Han charlado durante largo rato (tal vez no ha sido tan largo, pero a ambas se lo ha parecido) de heridas de guerra, de tatuajes pasajeros que resurgen en la piel de forma periódica, de añoranzas, de delirios, de soluciones drásticas y de personas non gratas.
Sólo una pregunta queda todavía en el aire: ¿que es lo que Blancanieves hizo para que aquel emisario acabase entregando el corazón de un jabalí en lugar del suyo?

domingo, 11 de abril de 2010

jueves, 8 de abril de 2010

sobrexpuesta

En los últimos años había pasado largos ratos observando, cómodamente sentada, a personas que transitoriamente recorrían (habitualmente de forma circular) una estancia de pequeñas dimensiones.
De vez en cuando la visitaba alguien conocido y este acostumbraba a ser un momento algo más agradable, pero ni siquiera era siempre así. Tal era la falta de de interés que comportaba la tarea que desempeñaba, que había comenzado (seguramente en un intento de alcanzar alguna emoción) a imaginar dicha estancia como una pintura en movimiento.
Se encandilaba con el desplazamiento de los pies de los visitantes, y había descubierto un extraño atractivo en el efecto espejado que resultaba al unir un suelo pavimentado con baldosas de color ocre escasamente pulidas y una iluminación direccional que le resultaba extremadamente molesta en las paredes. Había registrado en algún lugar de su cerebro cada uno de los elementos que, trasportados por los transeúntes, habían llegado a la sala para ser considerados suciedad.
De tant en tant le parecía escuchar aplausos y pájaros, y también la risa de unos niños, pero no tardaba en descubrir que todo aquello formaba parte de un simulacro que encandilaba a aquellos que no permanecían demasiado tiempo allí.
Todas aquellas imágenes la acompañaban allí a donde fuese. Hoy, al llegar a casa un slogan ha aparecido con asombrosa nitidez en su cabeza:
Una ciudad, un mapa, cuatro vértices, cuatro personas. Tras un segundo paralizada ha dejado las llaves sobre la repisa, ha colgado su chaleco y se ha quedado dormida en el sofá.

martes, 6 de abril de 2010

Inter vivos

Hacía tanto tiempo que había leído a los clásicos, que cada vez que decidía retomar uno le parecía como si fuese nuevo. Le encanta citar y es consciente de que se le nota, como se le nota la expresión de odio que se le dibuja cuando escucha a su alrededor una pregunta discordante: «Orsonqué?». Los orificios nasales se le inflan, el parpado izquierdo cae levemente y comienza a temblar, la ceja derecha se alza, aprieta los dientes y pega la lengua al paladar, los pómulos se le marcan ligeramente, y el labio inferior sobresale una pizca más de lo normal a causa de que encoje la barbilla, mostrando (es la única ocasión en la que lo hace) un hoyuelo exactamente igual que el de su padre.
El hoyuelo no es lo único que tiene por herencia paterna. Aunque nunca lo reconozca, porque no suena bien, también el estado de alteración frente una evidencia de ignorancia vital, lo ha copiado de papa.

viernes, 2 de abril de 2010

en compañía

Hacía algunos años que Alicia la visitaba con cierta frecuencia. Venía a recordarle historias que le contó cuando era niña, fragmentos de viajes maravillosos que acostumbraban a tener un componente introspectivo, que aunque no era manifiesto, no podía ser más explícito.
Hoy se han encontrado en la calle Bismarck pera tomar el té (el té es una de sus obsesiones más notables) y Alicia, con esa voz dulce pero cargada de experiencia que la caracteriza y  con palabras que le resultaban del todo familiares, le ha descrito aquel día en que vio como el sendero que se extendía ante sus ojos comenzaba a desaparecer y paralizada por la angustia no se dio cuenta de que dicho sendero también decrecía a sus espaldas quedando parada en medio de ninguna parte.
A Alicia la salvó un exceso de moralina, pero a ella las facultades espirituales le son del todo ajenas.